miércoles, 1 de diciembre de 2010

Carola. #6

Por fin llegó el momento; no podía retrasar más la declaración. Al día siguiente Carola se iba, y aquella noche casi no durmió mi amigo. Pero al día siguiente ahí se presentó, se acercó a Carola como todos los días, y le dedicó una sonrisa, quizás mas afectuosa que otras veces. El caso es que se hizo silencio un instante que pareció eterno, ahí pensó decir: “Me gustas cuando callas por que estás como ausente”, o no sé, quizás, “¿Por qué me despierto de madrugada mientras todos duermen?” Pensó en decirle: "Me dueles mansamente, me dueles, quítame la cabeza, córtame el cuello, porque nada queda de mí después de este amor”. Pensó en decirle simplemente: “Quédate conmigo, por favor”. Y por fin, finalmente: “Una sopa de cebolla, por favor”.

Era inevitable. Mi amigo comió la sopa de cebolla como un condenado a muerte, en calma y en silencio, y se fue para casa. Ni siquiera pasó por su despacho, sabía que la derrota era inevitable, y a mí no me sorprende mucho porque creo que alguien dijo una vez que “los amores cobardes no llegan ni amores ni a historias, se quedan ahí, ni el recuerdo los puede salvar, ni el mejor orador conjugar”.

(continúa)

1 comentario:

  1. "o no sé, quizás, “¿Por qué me despierto de madrugada mientras todos duermen?”

    ¡NO ME JODAS! T_T

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