Ahí tienes a mi amigo, con todo el futuro por delante, o con todo el pasado, no sé muy bien. Volviendo a mirar por la ventana y encontrándose con aquella mujer; ahora jugaba con ventaja porque conocía los plazos del tiempo que le quedaba.
Aún así, dejó pasar el primer año deleitándose, asomándose por la ventana y planificando bien la declaración de amor; pensando en la pose precisa, en las palabras adecuadas... y dejó pasar el tiempo.
Un día se presentó en el restaurante a la hora de comer, se sentó en la primera mesa que vio libre, y vio a Carola, deambulando entre las mesas. Se acercó, se puso delante de él, y le dijo: “¿Qué desea?”. Aquel era el momento, ésa era su oportunidad, así que su garganta se tensó como una guitarra, y mirándola le dijo:
“Una sopa de cebolla y un filete de ráchela bien cocido, por favor”.
Carola tomó nota y se fue. Mi amigo se estuvo maldiciendo toda la noche, así que al día siguiente, ahí le tienes, sentando a la mesa, mirando a Carola, clavando sus pupilas en las de ella y diciendo: “una sopa de cebolla y unos tacos de camarones, por favor”. Y al día siguiente, armándose de valor: “una sopa de cebolla sólo, por favor”. Y así, día tras día, asomándose por la ventana viéndola pasar, y a la hora de comer asomándose a una sopa de cebolla… y el tiempo pasaba.
A veces mi amigo creía que ella fijaba su vista en él, y entonces, ahhhh amigo… Entonces las palomas del parque volaban, los borrachos en las tabernas brindaban a su salud, los feligreses en las iglesias se abrazaban, y los soldados en primera línea de fuego se daban largos besos en la boca. Qué va. Ella no reparaba en él. Y pasaba el tiempo, pasaban los días, pasaban los meses, y pasaban los años, años de sopa de cebolla...
(continúa)
Puta Carola... ya lo dije yo.
ResponderEliminar"Y pasaba el tiempo, pasaban los días, pasaban los meses, y pasaban los años, años de sopa de cebolla..."